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Atención que perdura: El trastorno por déficit de atención en los niños
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La mayoría de los niños no prestan atención o son hiperactivos o impulsivos en un momento u otro. Es típico que los niños en edad preescolar tengan períodos de atención cortos y no puedan seguir una actividad por mucho tiempo. Incluso, en el caso de niños mayores y de los adolescentes, el período de atención a menudo depende del nivel de interés existente. Sin embargo, cuando la atención, la hiperactividad y la impulsividad limitan el funcionamiento diario del niño en diferentes esferas, tales como, por ejemplo, el hogar o la escuela, podríamos comenzar a sospechar de la presencia de un trastorno por déficit de atención.

 

El trastorno por déficit de atención (TDAH), a diferencia de la creencia común, no se debe a una crianza deficiente o a una mala dinámica educativa o escolar, sino que se trata de un trastorno neurobiológico que afecta, de manera estructural, al cortex pre-frontal y a las vías córtico-estriadas a nivel neurológico. El TDAH afecta, en la actualidad, al 3-5% de la población, es decir, que, de un grupo de 20 alumnos, es probable que 1 de ellos pueda tener este trastorno el cual presenta como síntomas fundamentales la hiperactividad, la impulsividad y la falta de atención.

 

Hoy en día es posible diagnosticar el TDAH a partir de los 6 años. A continuación, algunos de los síntomas más importantes que pueden presentar los niños con TDAH:

 

Falta de atención:

 

  • No son capaces de prestar atención minuciosa a los detalles o cometen errores por descuido en los trabajos escolares.
  • Les cuesta permanecer concentrados en las tareas o juegos.
  • Parecen no escuchar, incluso cuando se les habla directamente.
  • No logran terminar las tareas o trabajos escolares.
  • Evitan o les disgusta las actividades que requieren un esfuerzo mental de concentración, tales como, por ejemplo, la tarea escolar.

 

Hiperactividad e impulsividad:

 

  • Están en constante movimiento, les cuesta permanecer sentados.
  • Tienen problemas para jugar o realizar actividades tranquilas.
  • Dan respuestas apresuradas o interrumpen a quien les hace preguntas.
  • Tienen dificultades para esperar su turno.
  • Interrumpen conversaciones, juegos o actividades de otros, o se entrometen en ellas.

 

Es importante destacar que el diagnóstico no se puede hacer en una sola consulta, sino que tanto éste como el correspondiente tratamiento, son de carácter interdisciplinario y requieren de la opinión de los padres, educadores y de otras personas cercanas al niño o niña y, finalmente, de la opinión diagnóstica de los especialistas, con el propósito de dar un diagnóstico y tratamiento adecuados.

Imagen: 
Eduardo Manuel Cortina Mendoza
Psiquiatría
Clínica San Felipe